Los mayores retos en la gestión de cambios normativos son el volumen, la relevancia, la responsabilidad y las pruebas. La normativa cambia en numerosas fuentes y jurisdicciones, por lo que el personal debe determinar, en primer lugar, qué actualizaciones son relevantes y cuáles no. Una vez que se detecta un cambio relevante, el proceso puede estancarse si nadie asume la responsabilidad de dar el siguiente paso, si los plazos no se controlan dentro de un proceso coherente o si los registros se quedan cortos a la hora de justificar la decisión posteriormente.